Corría el mes de diciembre, era de madrugada... en el silencio del amanecer, de repente se escuchó el motor de un vehículo encendido detenerse frente a la casa y el inconfundible sonido que hacen las puertas de aquel al cerrarse de golpe... al momento, el acordeon arrancó sin aviso y sin espera y al compás de un "perico ripia'o" las letras invitaban a salir... "alevantate, 'alevantate, 'alevantate que ya e' por la mañana... 'alevantate, 'alevantate, 'alevantate, que Gibeito te llama..." ... Así irrumpía la mañana de aquel diciembre y su friito el querido Gilberto Bisono a mi papá... Todos en la casa nos levantamos y espiamos por la ventana que estaba pasando y allí vimos la figura inconfundible de aquel hombre bonachón fumando su acostumbrado cigarrillo agarrado de la verja, acompañado de los músicos, y que al no obtener respuesta, empezó a llamar a voces... "Eulogio! levantate de ahí pedazo de viejo! rápido!..porquería de hombre..." Recuerdo que papá se levantó sin decir palabra y sin responder tampoco, fue al baño, se lavó la cara, cepillo sus dientes, agarró la chacabana que colgaba de un clavo indolente... abrió la puerta y salió. Tampoco dijo palabras ni se despidió... solo se montó en el vehículo, seguido por su séquito de músicos borrachos, tomó el volante y acompañó a su amigo con destino incierto....
Ese día, comprendí que la amistad no precisa de palabras, ni formalidades, ni siquiera de horarios... la amistad sincera y la solidaridad tienen la marca indeleble del amor, de la entrega.
En estos días me tropecé en un supermercado con Gibe, como le decimos de cariño en casa. y aunque ha pasado tanto tiempo, aun siento la ternura de aquella mañana y el inconfundible ritmo de aquel merengue rondandome en el pecho...
viernes, 22 de octubre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario