Recientemente mi vida como la conocía dio un giro brusco.
Todas las cosas cambiaron.
Mi situación económica, mi salud, mi negocio casi se va a la quiebra (si no es que está ya), etc., pero dentro de todo esto, el punto que remató mi existencia fue comprobar lo que ya sospechaba, la infidelidad de mi esposo...
Siempre tuve mis dudas de como reaccionaría frente a una situación así después de veintitantos años de matrimonio y de todo lo que hemos pasado juntos. En principió sentí que era la estocada final que me hacia falta para desplomarme.
Mis amigos casi todos al unísono buscaron mil y una manera de justificar el hecho de parte de el. Que si el también tiene presión, que si yo controlo mucho, que si yo no soy la única mujer en el mundo a la que le han pegado los cuernos, que si eso no es nada del otro mundo, que si yo voy a perder mi matrimonio por eso y un montón de vainas mas...
Todos estaban de acuerdo que yo debía sentirme muy mal pero que no era el fin del mundo y que ya pasaría.
Unos hasta me sugirieron que buscara de Dios porque todo lo que me estaba pasando era la manera de Dios de decirme que le hiciera caso y que hasta que no perdiera todo lo que hasta ahora consideraba mi mundo no iba a voltear mi cara al creador y por eso, tenia que pasarme que la única persona en la que confiara me traicionara...
Sinceramente, de todas estas noches que he pasado entre lagrimas, rabia, pena de mi, autocompasión, y hasta borracheras solo hasta hoy lo pude entender cuando le dije a un amigo que me aconsejaba sobre el asunto... "puedo perdonar a mi esposo quizás... lo que no estoy segura es si pueda perdonar a mi compañero" le dije... y nadie, absolutamente nadie, ha comprendido lo que quiero decir.
Emilio ha sido mi esposo por años. Hemos enfrentando al mundo juntos. A los que no estaban de acuerdo en principio con nuestro matrimonio, incluso nuestras propias familias. A la situación económica que es acojonantemente agobiante en mi país. Al paso de los años. A todo... aun así, hemos estado ahí al pie del cañón uno al lado del otro. En mis crisis, ahí estaba el... en las suyas, ahí estaba yo. En todo... en casi todo...
Que pasó? no lo se.
Que hice mal? no lo se.
Donde fallé? no lo se.
Que me faltó? no lo se.
Que me sobró? menos lo se.
Solo se que ahora me cuesta dormir.
Me cuesta amanecer también.
Me cuesta seguir.
Deambulo por la calle y por mi mente.
Quiero poner fin a esto y me pesan los hijos.
Me pesa ver como puede afectar esto a mi hija y su relación futura con el sexo opuesto.
Que tema creer.
Que tema confiar.
No quiero que mis hijos lo sepan.
Aun así, a pesar de todos los "perdóname" mi corazón no lo siente.
Y me siento mal porque es de cristianos perdonar para ser perdonados.
Pero me duele.
Nunca me sentí tan herida en mi orgullo propio, en mi seguridad, en mi sexualidad, en mi autoestima, en todo...
Estamos dizque "trabajando" la relación nuevamente a ver que pasa porque el "sagrado matrimonio" hay que mantenerlo y porque una ruptura entre nosotros va mas allá de nosotros.
Sinceramente, si alguien me pide mi opinión desearía agarrar un vuelo al lugar mas lejano que mis energías y el dinero me pueda llevar y poner distancia... aun con el corazón partido en dos, porque negar que lo amo todavía sería estúpido e hipócrita.
En algún momento, entiendo, espero, que pasará...
Bueno, este no es ese momento.
Estoy de duelo amigos.
Lloro mi amor traicionado.
Lloro mi corazón roto.
Lloro la estupidez de creer que sí, que existían hombre fieles.
Lloro la incertidumbre de no saber que va a pasar con mi vida a partir de aquí...
Porque sinceramente, no se que hacer... no lo se... no lo se...
viernes, 14 de septiembre de 2012
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